Invitación a Paul Auster
“El hombre no tiene una sola y única
vida, sino muchas enlazadas unas con otras, y ésa es la causa de su desgracia”
CHATEAUBRIEND,
(Citado al inicio de <El Libro de las ilusiones>)
Hay autores que siendo creadores de
enorme calidad y talento tienen, además, la fortuna de gozar de un amplio
público. Éste es el caso del escritor norteamericano Paul Auster (Nueva Jersey,
1947). El único propósito de estas líneas es animar, a quien no lo haya leído,
a acercarse a sus páginas. Da igual el título que escoja, le enganchará
fulminantemente.
Cuando hablamos de ‘un amplio
público’ para Paul Auster debemos también matizar esto: no todo tipo de
público. Ocurre algo parecido a otro artista norteamericano, el cineasta Woody
Allen: un amplio público, sí, pero no
todo tipo de público. Queremos decir
con esto que Paul Auster es, en cierto modo, un autor que exige un público elitista. Sus protagonistas, el nivel de
los diálogos que mantienen, lo poco convencional de las tramas, la presunción
de un cierto conocimiento en los lectores de los contextos históricos y los
temas no son, seamos francos, para todos
los públicos.
En general sus protagonistas suelen ser individuos cultivados: ex
universitarios, escritores…Incluso cuando el protagonista es un bombero tampoco
es convencional: devora filosofía y literatura por las noches (<La Música del Azar>).
No voy a entrar –estoy lejos de ser un experto- en las cualidades
estrictamente literarias de su prosa, aunque sí señalaré que sus frases tienen
una suerte de precisión hipnótica, de escueta elegancia.
Su talento para los arranques misteriosos y rotundos es absoluto; una
línea basta para atrapar y subyugar al lector. Basten dos ejemplos:
-
‘Fue el año en
que el hombre pisó por primera vez la luna. Yo era muy joven entonces, pero
creía que no tenía futuro’ (<El
Palacio de la Luna>)
-
‘Durante un
año no hizo otra cosa que conducir, viajar de acá para allá por los Estados
Unidos mientras esperaba a que se le acabara el dinero’ (<La Música del Azar>).
Es imposible soltarse de la narración cuando uno ha leído eso. Para que
una historia funcione la narración ha de estar bien trabada, perfectamente
engrasada y más en un autor que recurre frecuentemente a la narración dentro de
la narración. Sin embargo, en Auster no es tanto lo que ocurre lo fascinante, como el modo en que los personajes viven lo que les ocurre. En realidad
frente al río de acontecimientos externos discurre una corriente profunda,
subterránea, aún más potente que la exterior.
Si apuramos, en realidad todas las historias de Auster narran un ‘viaje’, o una
odisea; son viajes de ida y vuelta del individuo hacia sí mismo, contra sí
mismo, que pueden terminar en la asunción madura de la pluralidad que
constituye cada ser o en la absoluta catástrofe individual (la muerte). Con
razón se ha dicho que la narración austeriana tiene mucho que ver con la novela
policíaca: sólo que el asunto investigado son los laberintos del alma y la
in-estabilidad y multiplicidad constitutivas de eso que llamamos la personalidad.
Y aquí quiero entrar en los temas que –creo- recorren su narrativa.
Creo que la temática austeriana gira alrededor de un tema principal, la
fragilidad de la identidad individual. O si se prefiere la pluralidad de identidades que recorren al ser humano, como Auster
mismo explicita en la cita con la que iniciábamos este artículo, la cita de
Chateaubriend que coloca al principio de El
Libro de las ilusiones.
Desde este tema principal se ramifican todos los demás, también muy
importantes que recorren sus ficciones: la presencia continua y determinante
del ‘azar’ en la vida humana, los diferentes conocimientos inherentes a cada forma de vida escogida o hallada
por el sujeto; la relación, lindante con la magia, entre la vida y la literatura,
la fragilidad estructural del individuo que a veces se resuelve en un fuerza y
determinación compulsivas, etc., etc.
Todo lo dicho no pretendo que sea más que un apunte personal de
admiración hacia un escritor que no agota sus temas y cualidades.
Más difícil me resulta descubrir el porqué de su éxito. Creo que, en
parte, el interrogante se contesta afirmando que Paul Auster es un autor radicalmente contemporáneo. Quiero decir
que sus frases nos están definiendo a cada momento; expresan los sentimientos y
la confusión de los seres de hoy: <Comencé
a temer sumergirme en mi propia confusión, en la profunda espesura del desorden
que había crecido a mi alrededor> (‘Leviatán’, pág. 66). En la época de
lo relativo también el ser humano se muestra no de una pieza, sino algo con
muchas teclas. El azar, más que la voluntad decidirá las notas dominantes.
No sabría qué recomendar para empezar
a leer a Auster a alguien que se vaya a acercar por primera vez. Pero puede
hacerlo con <Ciudad de Cristal>, primera
historia de su <Trilogía de Nueva
York>
(en Anagrama, Panorama de Narrativas),
y ya me contará…
Verano-otoño
de 2005

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