lunes, 30 de diciembre de 2013

Invitación a Paul Auster



Invitación a Paul Auster






“El hombre no tiene una sola y única vida, sino muchas enlazadas unas con otras, y ésa es la causa de su desgracia”

CHATEAUBRIEND,
(Citado al inicio de <El Libro de las ilusiones>)



Hay autores que siendo creadores de enorme calidad y talento tienen, además, la fortuna de gozar de un amplio público. Éste es el caso del escritor norteamericano Paul Auster (Nueva Jersey, 1947). El único propósito de estas líneas es animar, a quien no lo haya leído, a acercarse a sus páginas. Da igual el título que escoja, le enganchará fulminantemente.
   Cuando hablamos de ‘un amplio  público’ para Paul Auster debemos también matizar esto: no todo tipo de público. Ocurre algo parecido a otro artista norteamericano, el cineasta Woody Allen: un amplio público, sí, pero no todo tipo de público. Queremos decir con esto que Paul Auster es, en cierto modo, un autor que exige un público elitista. Sus protagonistas, el nivel de los diálogos que mantienen, lo poco convencional de las tramas, la presunción de un cierto conocimiento en los lectores de los contextos históricos y los temas no son, seamos francos, para todos los públicos.
   En general sus protagonistas suelen ser individuos cultivados: ex universitarios, escritores…Incluso cuando el protagonista es un bombero tampoco es convencional: devora filosofía y literatura por las noches (<La Música del Azar>).
   No voy a entrar –estoy lejos de ser un experto- en las cualidades estrictamente literarias de su prosa, aunque sí señalaré que sus frases tienen una suerte de precisión hipnótica, de escueta elegancia.
   Su talento para los arranques misteriosos y rotundos es absoluto; una línea basta para atrapar y subyugar al lector. Basten dos ejemplos:
-        ‘Fue el año en que el hombre pisó por primera vez la luna. Yo era muy joven entonces, pero creía que no tenía futuro’  (<El Palacio de la Luna>)
-        ‘Durante un año no hizo otra cosa que conducir, viajar de acá para allá por los Estados Unidos mientras esperaba a que se le acabara el dinero’  (<La Música del Azar>).

   Es imposible soltarse de la narración cuando uno ha leído eso. Para que una historia funcione la narración ha de estar bien trabada, perfectamente engrasada y más en un autor que recurre frecuentemente a la narración dentro de la narración. Sin embargo, en Auster no es tanto lo que ocurre lo fascinante, como el modo en que los personajes viven lo que les ocurre. En realidad frente al río de acontecimientos externos discurre una corriente profunda, subterránea, aún más potente que la exterior. Si apuramos, en realidad todas las historias de Auster narran un ‘viaje’, o una odisea; son viajes de ida y vuelta del individuo hacia sí mismo, contra sí mismo, que pueden terminar en la asunción madura de la pluralidad que constituye cada ser o en la absoluta catástrofe individual (la muerte). Con razón se ha dicho que la narración austeriana tiene mucho que ver con la novela policíaca: sólo que el asunto investigado son los laberintos del alma y la in-estabilidad y multiplicidad constitutivas de eso que llamamos la personalidad.
   Y aquí quiero entrar en los temas que –creo- recorren su narrativa.
   Creo que la temática austeriana gira alrededor de un tema principal, la fragilidad de la identidad individual. O si se prefiere la pluralidad de identidades que recorren al ser humano, como Auster mismo explicita en la cita con la que iniciábamos este artículo, la cita de Chateaubriend que coloca al principio de El Libro de las ilusiones.
   Desde este tema principal se ramifican todos los demás, también muy importantes que recorren sus ficciones: la presencia continua y determinante del ‘azar’ en la vida humana, los diferentes conocimientos inherentes a cada forma de vida escogida o hallada por el sujeto; la relación, lindante con la magia, entre la vida y la literatura, la fragilidad estructural del individuo que a veces se resuelve en un fuerza y determinación compulsivas, etc., etc.
   Todo lo dicho no pretendo que sea más que un apunte personal de admiración hacia un escritor que no agota sus temas y cualidades.
   Más difícil me resulta descubrir el porqué de su éxito. Creo que, en parte, el interrogante se contesta afirmando que Paul Auster es un autor radicalmente contemporáneo. Quiero decir que sus frases nos están definiendo a cada momento; expresan los sentimientos y la confusión de los seres de hoy: <Comencé a temer sumergirme en mi propia confusión, en la profunda espesura del desorden que había crecido a mi alrededor> (‘Leviatán’, pág. 66). En la época de lo relativo también el ser humano se muestra no de una pieza, sino algo con muchas teclas. El azar, más que la voluntad decidirá las notas dominantes.
No sabría qué recomendar para empezar a leer a Auster a alguien que se vaya a acercar por primera vez. Pero puede hacerlo con <Ciudad de Cristal>, primera historia de su <Trilogía de Nueva York>
 (en Anagrama, Panorama de Narrativas), y ya me contará… 

  Verano-otoño de 2005

No hay comentarios:

Publicar un comentario