miércoles, 25 de diciembre de 2013

La pietà




La pietà Rondanini

 


“Cuando hacia 1550, Miguel Ángel emprende otra vez uno de sus temas favoritos han pasado más de cuatro décadas desde que conmovió –y escandalizó- a los espectadores con la Pietà  de San Pedro del Vaticano. Entonces se le llegó a reprochar por parte de algunos puritanos, un exceso de belleza sensual en el cuerpo de Cristo., además de la célebre controversia originada por una madre –la Virgen- más joven, en apariencia, que el hijo. Miguel Ángel se defendió con vigor, pues en definitiva, aunque ya habitaba en Roma, no había sino trasladado al mármol los principios humanistas aprendidos en la Academia de Lorenzo el Magnífico en su Florencia natal. No obstante, transcurrido el tiempo y los desengaños, acrecentada la angustia religiosa, disminuida la fe en el poder del arte, el viejo Miguel Ángel se sumerge en su nueva pietà con un talante bien diferente al que mostró en su juventud, recién llegado a Roma. En sus últimos años, Miguel Ángel, reconocido y exaltado por todos, desconfía de la capacidad del artista para conseguir una auténtica liberación espiritual de la materia. Antes sí lo había creído; antes, como explica en sus sonetos, había pensado que la labor del escultor consistía en sacar capas a la piedra para que el espíritu diera a luz. La belleza ya existía en el interior del mármol. En consecuencia, el trabajo del escultor, duro y delicadísimo al mismo tiempo, era dar libertad a esas formas aprisionadas. El mármol era la carne, y el espíritu yacía en ella. El artista triunfaba si conseguía la armonía entre ambos, como el propio Miguel Ángel creía haber logrado en la Pietà vaticana.

     Ante La Pietà Rondanini todo se había modificado: el artista siempre fracasará en su ambición de emancipar una obra perfecta- Por eso era mejor el nonfinito, la obra inacabada, la figura atrapada en la piedra. Miguel Ángel lo demuestra en varias esculturas al final de sus días. En el San Mateo, en La Pietà Palestrina y en su gran obra maestra tardía, La Pietà Rondanini con la madre y el hijo fundidos en un trágico paso de danza expresionista”

Rafael Argullol, EL PAÍS BABELIA, 30.06.12




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