La pietà Rondanini
“Cuando hacia 1550, Miguel Ángel emprende otra
vez uno de sus temas favoritos han pasado más de cuatro décadas desde que
conmovió –y escandalizó- a los espectadores con la Pietà de San Pedro del
Vaticano. Entonces se le llegó a reprochar por parte de algunos puritanos, un
exceso de belleza sensual en el cuerpo de Cristo., además de la célebre controversia
originada por una madre –la Virgen- más joven, en apariencia, que el hijo.
Miguel Ángel se defendió con vigor, pues en definitiva, aunque ya habitaba en
Roma, no había sino trasladado al mármol los principios humanistas aprendidos
en la Academia de Lorenzo el Magnífico en su Florencia natal. No obstante,
transcurrido el tiempo y los desengaños, acrecentada la angustia religiosa,
disminuida la fe en el poder del arte, el viejo Miguel Ángel se sumerge en su
nueva pietà con un talante bien
diferente al que mostró en su juventud, recién llegado a Roma. En sus últimos
años, Miguel Ángel, reconocido y exaltado por todos, desconfía de la capacidad
del artista para conseguir una auténtica liberación espiritual de la materia.
Antes sí lo había creído; antes, como explica en sus sonetos, había pensado que
la labor del escultor consistía en sacar capas a la piedra para que el espíritu
diera a luz. La belleza ya existía en el interior del mármol. En consecuencia,
el trabajo del escultor, duro y delicadísimo al mismo tiempo, era dar libertad
a esas formas aprisionadas. El mármol era la carne, y el espíritu yacía en
ella. El artista triunfaba si conseguía la armonía entre ambos, como el propio
Miguel Ángel creía haber logrado en la Pietà
vaticana.
Ante La Pietà Rondanini todo se había
modificado: el artista siempre fracasará en su ambición de emancipar una obra
perfecta- Por eso era mejor el nonfinito,
la obra inacabada, la figura atrapada en la piedra. Miguel Ángel lo demuestra
en varias esculturas al final de sus días. En el San Mateo, en La Pietà
Palestrina y en su gran obra maestra tardía, La Pietà Rondanini con la madre y el hijo fundidos en un trágico
paso de danza expresionista”
Rafael Argullol, EL PAÍS BABELIA, 30.06.12

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