
21/11/2006
Para
J. J. Omella
‘Sólo la noción del dios personal, creador, y por
lo tanto, responsable de todas las cosas, da su sentido a la protesta humana.
Se puede decir así, y sin paradoja, que la historia de la rebelión es, en el
mundo occidental, inseparable de la del cristianismo’
O.C, vol III,
pág. 49
‘Cristo ha venido a resolver dos problemas
principales, el mal y la muerte, que son precisamente los problemas de los
rebeldes’
ídem, pág 54
‘Tengo la impresión de que la fe es menos una paz
que una esperanza trágica’
‘Una obra de hombre no es otra cosa que una larga
marcha para volver a encontrar, por los meandros del arte, las dos o tres
simples y grandes imágenes a las que se abrió el corazón por primera vez.
Con Dios o contra Dios, de los dos modos
ha podido entenderse la historia de la rebelión humana. Si viene Dios a hablar
de justicia a los hombres, de Reino aquí y ahora (No ha de pasar esta generación sin que veáis…), si se pone del lado
de los oprimidos y denuesta a los poderosos, cómo no entender que la protesta
se articule durante siglos en nombre de la verdadera Justicia, del
Cristianismo. Cátaros, anabaptistas, niveladores…Hasta que los rebeldes se
rebelaron contra Dios las revoluciones fueron impulsadas invocando su nombre.
Hacer las revoluciones contra Dios es cosa demasiado reciente; toda revolución
moderna parece expresar un cabreo contra el cristianismo, una especie de
malestar porque Dios, que se había expresado tan claramente por los oprimidos y
por la justicia, se había instalado cómodamente en el mundo, sin que hubieran
desparecido ni oprimidos ni injusticias. Un rencor contra el cristianismo en
labios de los rebeldes modernos significa: vosotros –cristianos- sois los que
más motivos tenéis para estar entre nosotros y no enfrente de nosotros.
…………………………
24/11/2006
En los evangelios, lo señalan muchos
autores, pero muy claramente Arendt las tendencias antipolíticos y
antiinstitucionales del mensaje cristiano son evidentes; traducido al lenguaje camusiano hay mucha ‘rebeldía’ en el
seno del primer cristianismo. Una potencia rebelde que a pesar del
establecimiento de la iglesia como institución dominante y de poder, no ha
dejado de explotar en una o en otra época histórica. ¿Hay alguna revolución,
hasta bien entrada la edad moderna, que
no apele a argumentos religiosos, y
sobre todo a la fraternidad y el desprecio de los ricos y poderosos del
evangelio para legitimarse? Sólo en las condiciones de la secularización el
lenguaje de la rebeldía pierde su vocabulario religioso básico. ¿Pero deja por
eso de penetrar y alimentar el fondo de todas las ideologías igualitarias
contemporáneas? ¿No hay en el anarquismo y el socialismo contemporáneo una fuerte
carga de cristianismo moral que ya no necesita apelar a Dios, pero que no ha
renunciado al concepto de Reino? ¿No nos darían Camus, y Nietzsche, la razón en
este punto?
La rebelión muy bien pudo volverse
ahora contra Dios y tener por enemigos a sus representantes en la tierra, pero
según Camus ha seguido utilizando la misma pólvora moral que el cristianismo
inicial utilizó contra Roma o las clases sacerdotales de Judea.
En cualquier caso el cristianismo
parece condenado de por vida a la radical ambivalencia de sus dos almas, la
conservadora, eclesial, en el fondo romana
y la rebelde e irreductible, en el fondo evangélica, judía, profética.
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