jueves, 29 de septiembre de 2016

Camus y el cristianismo



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21/11/2006

Para J. J.  Omella


‘Sólo la noción del dios personal, creador, y por lo tanto, responsable de todas las cosas, da su sentido a la protesta humana. Se puede decir así, y sin paradoja, que la historia de la rebelión es, en el mundo occidental, inseparable de la del cristianismo’
O.C, vol III, pág. 49

‘Cristo ha venido a resolver dos problemas principales, el mal y la muerte, que son precisamente los problemas de los rebeldes’
ídem, pág 54

‘Tengo la impresión de que la fe es menos una paz que una esperanza trágica’

‘Una obra de hombre no es otra cosa que una larga marcha para volver a encontrar, por los meandros del arte, las dos o tres simples y grandes imágenes a las que se abrió el corazón por primera vez.



Con Dios o contra Dios, de los dos modos ha podido entenderse la historia de la rebelión humana. Si viene Dios a hablar de justicia a los hombres, de Reino aquí y ahora (No ha de pasar esta generación sin que veáis…), si se pone del lado de los oprimidos y denuesta a los poderosos, cómo no entender que la protesta se articule durante siglos en nombre de la verdadera Justicia, del Cristianismo. Cátaros, anabaptistas, niveladores…Hasta que los rebeldes se rebelaron contra Dios las revoluciones fueron impulsadas invocando su nombre. Hacer las revoluciones contra Dios es cosa demasiado reciente; toda revolución moderna parece expresar un cabreo contra el cristianismo, una especie de malestar porque Dios, que se había expresado tan claramente por los oprimidos y por la justicia, se había instalado cómodamente en el mundo, sin que hubieran desparecido ni oprimidos ni injusticias. Un rencor contra el cristianismo en labios de los rebeldes modernos significa: vosotros –cristianos- sois los que más motivos tenéis para estar entre nosotros y no enfrente de nosotros.

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24/11/2006 

En los evangelios, lo señalan muchos autores, pero muy claramente Arendt las tendencias antipolíticos y antiinstitucionales del mensaje cristiano son evidentes; traducido al lenguaje camusiano hay mucha ‘rebeldía’ en el seno del primer cristianismo. Una potencia rebelde que a pesar del establecimiento de la iglesia como institución dominante y de poder, no ha dejado de explotar en una o en otra época histórica. ¿Hay alguna revolución, hasta bien entrada la edad  moderna, que no apele a argumentos religiosos, y sobre todo a la fraternidad y el desprecio de los ricos y poderosos del evangelio para legitimarse? Sólo en las condiciones de la secularización el lenguaje de la rebeldía pierde su vocabulario religioso básico. ¿Pero deja por eso de penetrar y alimentar el fondo de todas las ideologías igualitarias contemporáneas? ¿No hay en el anarquismo y el socialismo contemporáneo una fuerte carga de cristianismo moral que ya no necesita apelar a Dios, pero que no ha renunciado al concepto de Reino? ¿No nos darían Camus, y Nietzsche, la razón en este punto?
La rebelión muy bien pudo volverse ahora contra Dios y tener por enemigos a sus representantes en la tierra, pero según Camus ha seguido utilizando la misma pólvora moral que el cristianismo inicial utilizó contra Roma o las clases sacerdotales de Judea.
En cualquier caso el cristianismo parece condenado de por vida a la radical ambivalencia de sus dos almas, la conservadora, eclesial, en el fondo romana y la rebelde e irreductible, en el fondo evangélica, judía, profética.


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