viernes, 16 de septiembre de 2016

MUERTE DE DIOS Y KENOSIS

MUERTE DE DIOS Y KENOSIS


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La lectura de Vattimo de la significación e importancia de la idea nietzscheana de la <<muerte de Dios>> es desde luego singularmente atractiva, pero tampoco está exenta de peligros si la utilizamos con optimismo desbordado y un poco irreflexivo sobre las posibilidades que abre a una renovación del cristianismo.

Si no nos equivocamos la muerte de Dios en Vatttimo significa ‘sólo’ la muerte del viejo Dios de la metafísica, un Dios denso, moralizante, escatológico, tal y como la tradición eclesial lo ha presentado en sus rasgos dominantes.

Ello al margen de muchas otras cuestiones significa:
-        La posibilidad de re-vivir una nueva forma de entender el cristianismo. La fundamentación del mismo ya no puede ser un principio dogmático sino sólo un “fundamento”: la  caritas, el amor fraterno.
-        La posibilidad de que la vivencia  de la religión sea más “auténtica” que en las épocas de imposición dogmática de la misma.
-        El realismo de aceptar, como ha hecho cierta teología que –nos guste o no –la inmensa mayoría de los seres de este mundo viven absolutamente al margen de la existencia de Dios. Piensen en ello o no la existencia actual discurre etsi deum non daretur.


Las dificultades son también muy importantes y deben ser reflexionadas:
-        Ya no tenemos entre las manos exactamente una religión sino un compromiso, un mandato evangélico, una praxis.
-        La iglesia institucional sigue existiendo después de la muerte de Dios y la sola caritas no la convence; ni un a ontología débil la puede hacer pensar que no hay un principio suprarracional y suprahumano que es la fuente de toda moral.
-        El entusiasmo teológico por la muerte de Dios puede tener referentes de optimismo como los citados, pero no puede pensar que ése es el propósito nietzscheano.











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