MUERTE DE
DIOS Y KENOSIS

La
lectura de Vattimo de la significación e importancia de la idea nietzscheana de
la <<muerte de Dios>> es desde luego singularmente atractiva, pero
tampoco está exenta de peligros si la utilizamos con optimismo desbordado y un
poco irreflexivo sobre las posibilidades que abre a una renovación del
cristianismo.
Si no nos
equivocamos la muerte de Dios en Vatttimo significa ‘sólo’ la muerte del viejo
Dios de la metafísica, un Dios denso, moralizante, escatológico, tal y como la
tradición eclesial lo ha presentado en sus rasgos dominantes.
Ello al
margen de muchas otras cuestiones significa:
-
La posibilidad de
re-vivir una nueva forma de entender el cristianismo. La fundamentación del mismo
ya no puede ser un principio dogmático sino sólo un “fundamento”: la caritas,
el amor fraterno.
-
La posibilidad de que
la vivencia de la religión sea más
“auténtica” que en las épocas de imposición dogmática de la misma.
-
El realismo de aceptar,
como ha hecho cierta teología que –nos guste o no –la inmensa mayoría de los
seres de este mundo viven absolutamente al margen de la existencia de Dios.
Piensen en ello o no la existencia actual discurre etsi deum non daretur.
Las
dificultades son también muy importantes y deben ser reflexionadas:
-
Ya no tenemos entre las
manos exactamente una religión sino un compromiso, un mandato evangélico, una
praxis.
-
La iglesia
institucional sigue existiendo después de la muerte de Dios y la sola caritas
no la convence; ni un a ontología débil la puede hacer pensar que no hay un
principio suprarracional y suprahumano que es la fuente de toda moral.
-
El entusiasmo teológico
por la muerte de Dios puede tener referentes de optimismo como los citados,
pero no puede pensar que ése es el propósito nietzscheano.
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